EL "SECRETO" DE LA CALLE COLÓN
El verdadero hogar de infancia de Gabriel González Videla
Para el transeúnte común y para no pocos textos de estudio, la imponente casona de estilo ecléctico que se erige frente a la plaza de armas de La Serena - hoy convertida en un museo en su memoria - fue el escenario donde el exPresidente Gabriel González Videla pasó su infancia y gran parte de su juventud. Sin embargo, los muros de la historia viva guardan un secreto diferente.
Son pocos los investigadores y cronistas locales, entre ellos el historiador Francisco Aspe Bou, que han alzado la voz para enmendar este arraigado error histórico. La realidad es mucho más modesta y humana: el Primer Mandatario chileno nació y dio sus primeros pasos en una residencia bastante más sencilla, resguardada bajo el número 666 de la calle Colón.
Emplazada en el corazón de uno de los sectores más tradicionales del centro serenense de principios del siglo XX -específicamente entre las calles O'Higgins y Cienfuegos- esta vivienda data de una época romántica y comunitaria. Era el tiempo de una Serena donde los niños jugaban libres en las veredas, el respeto hacia los vecinos era la norma inquebrantable y las familias se conocían todas por su nombre, compartiendo la vida a través de largas conversaciones en el umbral de las puertas.
La fachada de la casa es un fiel testimonio arquitectónico de ese pasado. Sobre su puerta principal descansa un antiguo escudo, hoy desgastado por el implacable paso del tiempo, del que casi nada se distingue. No obstante, son sus costados los que capturan la atención del observador curioso, ya que a la izquierda, tiene un retrato a mano alzada del hidalgo Don Quijote de la Mancha que parece custodiar la entrada, mientras que a la derecha, una ilustración de similares características inmortaliza a su fiel escudero, Sancho Panza. Una metáfora visual, quizás inconsciente, de los idealismos y realidades que cruzan la historia de Chile.
Resulta una paradoja del destino que el lugar natal de una de las figuras políticas más influyentes del siglo XX en el país pase desapercibido para la gran mayoría de los ciudadanos. En la actualidad, la histórica residencia luce en sus ventanas un letrero que ofrece el arriendo de oficinas, mientras que a un costado sobrevive el flujo cotidiano de un pequeño negocio.
Pese a que la estructura se encuentra en un notable buen estado de conservación, la vorágine de la modernidad parece haberle arrebatado su identidad. Muy pocos de quienes caminan apurados por la calle Colón se detienen a pensar que tras esos muros habitan los primeros años del niño que, décadas más tarde, gobernaría los destinos de la nación desde el Palacio de La Moneda. Un rincón del patrimonio serenense que, en silencio, resiste al olvido.