EN LA CORDILLERA DE ELQUI

La leyenda del Cerro Doña Ana

Dicen en el valle del Elqui que cuando el viento ruge en las cumbres, es el eco de un amor que desafió al Imperio Inca. Esta es la historia de dos almas que eligieron la libertad antes que la sumisión.
El Cerro Doña Ana no solo luce majestuoso, sino que guarda una profunda historia y leyenda de amor. (Foto: Cedida)
El Cerro Doña Ana no solo luce majestuoso, sino que guarda una profunda historia y leyenda de amor. (Foto: Cedida)

Hace siglos, una hermosa ñusta (noble inca) y un valiente guerrero se enamoraron. Al ser un amor prohibido, escaparon hacia el cerro llevando un valioso tesoro de oro y plata oculto en catorce cogotes de guanaco transformados en alforjas. Se refugiaron en las indómitas alturas de un imponente cerro que roza los 5.600 metros de altitud. Allí, el guerrero cazaba para proveer alimento y abrigo, pero la dureza del clima pronto los obligó a buscar otra forma de subsistir.

Desde su gélido refugio, la pareja vigilaba las caravanas que cruzaban la cordillera hacia las aguas curativas de El Toro. Así nació un misterioso ritual de supervivencia: al divisar viajeros, la bella ñusta descendía con agilidad y dejaba oro, plata o pieles finas en el sendero antes de ocultarse. Los arrieros, al ver el brillo, tomaban el tesoro y, en agradecimiento, dejaban abundantes víveres frescos.

Con los años, los lugareños llamaron a esta esquiva mujer "Doña Ana". Con el tiempo, ella ganó confianza y comenzó a dejarse ver, aunque jamás pronunció palabra. Su guerrero, en cambio, permaneció siempre como una sombra protectora invisible para el resto.

El tiempo apagó primero la vida del guerrero. Devastada, Doña Ana continuó bajando sola a realizar los trueques, reflejando en su mirada una profunda tristeza. Un día, las ofrendas cesaron. Los viajeros comprendieron que ella había dejado el mundo terrenal para reunirse con su amado en el seno sagrado de la Pachamama.

Hoy, el imponente cerro lleva el nombre de Doña Ana en su memoria. Este gigante de piedra no solo resguarda su leyenda, sino que, junto a los cerros Las Tórtolas y Quebrada Seca, conforma la sagrada “Trilogía Inca”, uniendo para siempre su amor con la inmensidad de la cordillera.