TENÍA UN TRAYECTO DE MÁS DE 1.800 KILÓMETROS
El tren que recorría el norte chileno
El Ferrocarril Longitudinal Norte, conocido popularmente como “Longino”, fue una monumental red ferroviaria impulsada por el Presidente José Manuel Balmaceda a fines del siglo XIX. Su objetivo era conectar la Región de Valparaíso con la Región de Tarapacá, cubriendo más de 1.800 kilómetros a través de una geografía extrema.
Tras la Guerra del Pacífico, Chile incorporó nuevos territorios ricos en minerales y el ferrocarril nació de la urgencia geopolítica de unir rápidamente estos nuevos suelos con la capital. El proyecto fue inaugurado oficialmente por el presidente Ramón Barros Luco el 10 de enero de 1914.
Se unificaron diversas redes mineras privadas que operaban aisladamente, las cuales fueron conectadas y adaptadas al mismo ancho de vía, como el emblemático ferrocarril que unió Caldera con Copiapó en 1851 -el primer eslabón ferroviario del país- e itinerarios como los de la Región de Coquimbo.
La línea comenzaba en La Calera (Región de Valparaíso) y se extendía hasta la Estación Pintados, unos 30 kilómetros al sur de Iquique, un trayecto que tomaba cerca de tres días y medio a cuatro días de viaje.
Este ferrocarril fue fundamental para el auge de la industria salitrera, ya que trasladó a miles de trabajadores, conocidos como “enganchados”, que viajaban desde el sur y centro de Chile hacia las duras faenas en la pampa.
Debido a las dificultades geográficas, la competencia de las carreteras y la menor densidad de población, las velocidades eran bajas y su mantenimiento complejo. El último tren de pasajeros realizó el recorrido Iquique-La Calera en junio de 1975, cerrando definitivamente los servicios en la década de 1980.