UNA LARGA CARRERA JUNTO AL "BARBÓN"
Mario Vega: la voz de Coquimbo Unido por 50 años
Hay voces que se desgastan con el tiempo y hay otras que, con el pasar de las décadas, se transforman en el eco mismo de una ciudad, en el alma de un estadio. Ese es el caso de Mario Vega, el hombre que el pasado 19 de junio inscribió su nombre en una página dorada -y casi inalcanzable- de la historia deportiva local: medio siglo como la voz oficial de Coquimbo Unido. Un hito ininterrumpido que solo se explica cuando los colores de una institución no se llevan puestos, sino grabados en el corazón.
El viaje comenzó en el invierno de 1976. Mario se encontraba en los antiguos estudios de Radio Riquelme, en la emblemática calle Aldunate, cuando vio cruzar la puerta a Fernando Argandoña, entonces gerente del club aurinegro. El dirigente traía una propuesta clara pero de alcances insospechados: quería que esa voz, firme y apasionada, grabara el perifoneo callejero para convocar a la hinchada y anunciara las alineaciones en aquel viejo estadio de tablones de madera.
Mario aceptó, sin saber que en ese preciso instante estaba sellando un pacto de fidelidad eterna con el cuadro pirata.
Sin embargo, el camino de la lealtad también sabe de tempestades. Mario Vega aclara que sus 50 años de servicio son con el club profesional, pues la vida lo puso a prueba en 2008. Con la inauguración del nuevo recinto mundialista, la administración municipal de la época decidió dar un giro y contratar a otro locutor para el estadio. Cualquiera se habría alejado, pero el amor de Mario por Coquimbo Unido era más fuerte que cualquier vanidad.
“Yo seguí grabando el perifoneo y como locutor comercial de ‘Impactos Deportivos’ de Radio Riquelme”, recuerda con la hidalguía de quien sabe que su hogar no se abandona. Siguió estando ahí, al pie del cañón, sosteniendo el micrófono desde la trinchera de la alocución.
El destino, que a veces escribe con líneas dolorosas, quiso que tras el lamentable fallecimiento del nuevo locutor, el club volviera a llamarlo a su lugar natural. Mario regresó a la cabina del estadio, funciones que mantiene hasta el día de hoy y que solo el rigor de alguna licencia médica ha logrado pausar.
50 años se dicen rápido, pero significan acompañar al club en los ascensos gloriosos, en los descensos amargos, en las tardes de sol y en las noches de frío junto al puerto.
Hoy, cuando el viento corre por el Francisco Sánchez Rumoroso y la hinchada ruge, hay una certeza que abriga a todo el pueblo aurinegro: mientras Mario Vega esté detrás del micrófono, la identidad de Coquimbo Unido seguirá intacta. Su voz no es solo un anuncio por los parlantes, es el latido de un puerto que se niega a olvidar su historia.