Mediante trabajo colaborativo
Buscan identificar vides capaces de producir con menos agua
La prolongada escasez hídrica continúa dejando huellas en la agricultura del Limarí.
Solo entre 2021 y 2024, de acuerdo al Catastro Frutícola desarrollado por el Centro de Información de Recursos Naturales, CIREN, la provincia perdió miles de hectáreas de superficie cultivada. En Ovalle, por ejemplo, las plantaciones disminuyeron desde 9.960 a 8.301 hectáreas, mientras que Monte Patria redujo su superficie de 6.219 a 5.029 hectáreas y Río Hurtado perdió casi la mitad de su área productiva.
A ello se suma una fuerte reducción de las hectáreas bajo riego. Si hace dos décadas el valle del Limarí alcanzaba cerca de 40 mil hectáreas regadas, durante la temporada 2023-2024 esa cifra cayó a un rango estimado de entre 18 mil y 22 mil hectáreas, producto de los bajos niveles registrados en embalses como La Paloma y Cogotí.
En ese escenario, donde numerosos agricultores han debido abandonar viñedos o incluso arrancar parte de sus parrones para concentrar el escaso recurso hídrico en una menor superficie, surgió el proyecto “Clones de Vides Pisqueras Resistentes a Sequía”, ejecutado por el Instituto de Investigaciones Agropecuarias INIA Intihuasi junto a la Cooperativa Control Pisquero y financiado por el Gobierno Regional de Coquimbo a través del Fondo Regional para la Productividad y el Desarrollo (FRPD).
El proyecto busca identificar y caracterizar plantas que, dentro de las variedades tradicionales utilizadas para la producción de pisco, presenten una mayor tolerancia al déficit hídrico, contribuyendo así a la adaptación del sector frente al cambio climático.
Aunque todas pertenecen a una misma variedad, no todas las vides responden de igual manera a la escasez de agua. Precisamente esa variabilidad natural es la que estudiará el proyecto durante sus 24 meses de ejecución, mediante la búsqueda, evaluación y caracterización de plantas sobresalientes que puedan transformarse en futuros clones para la industria pisquera regional. El trabajo contempla además el establecimiento de un jardín clonal en INIA Vicuña, la generación de información técnica y la difusión de los resultados para apoyar futuras decisiones productivas y tecnológicas del sector.
En este contexto, un clon corresponde a una planta seleccionada dentro de una misma variedad que presenta características agronómicas superiores, como una mayor tolerancia a la sequía. A diferencia de una nueva variedad, los clones conservan la identidad genética de la cepa original, pero permiten multiplicar aquellas plantas que han demostrado un comportamiento sobresaliente frente a determinadas condiciones productivas.
Francisco Meza, director regional de INIA Intihuasi, explicó que la iniciativa busca rescatar el mejor material genético disponible en los viñedos de la región, protegerlo y diferenciarlo de aquel que presenta menores características agronómicas. “Es un trabajo muy minucioso, pero permitirá conservar y propagar las plantas que presentan mejores atributos. Esto cobra especial relevancia porque necesitamos parras que produzcan uvas de buena calidad, con buen rendimiento y utilizando menos agua”, destacó.
Precisamente sobre este proceso, el investigador de INIA, Nicolás Verdugo, explicó que el estudio se concentrará en antiguas plantas de variedades tradicionales como Moscatel de Alejandría, Moscatel Rosada y Pedro Ximénez, presentes en los viñedos de los cooperados de Control Pisquero.
“Hoy un productor que necesita renovar un parrón recibe plantas disponibles en un vivero, pero sin saber cuál posee mejores características dentro de una misma variedad. Este proyecto permitirá identificar materiales genéticos con mayor tolerancia a la sequía para que, en el futuro, puedan establecerse nuevas plantaciones con plantas previamente estudiadas y caracterizadas”, explicó Verdugo.
Trabajo colaborativo
Una de las principales fortalezas de la iniciativa será el trabajo conjunto entre investigadores y productores, quienes aportarán el conocimiento acumulado durante generaciones sobre los viñedos de la región. Esa experiencia permitirá identificar plantas que, a lo largo de los años, han demostrado una mejor adaptación a las condiciones climáticas locales y un desempeño agronómico sobresaliente.
En este sentido, el director de la Cooperativa Control Pisquero, Félix Rodríguez, afirmó que el proyecto responde a una necesidad urgente para el sector, ya que ”hoy las necesidades son enormes y resulta fundamental contar con alternativas que nos permitan optimizar el uso del recurso hídrico” confiando en que, si bien, es un trabajo de largo plazo, “sabemos que INIA ya desarrolla investigaciones muy avanzadas que nos permiten mirar el futuro con optimismo”, afirmó Rodríguez.
Una apreciación similar expresó la delegada presidencial provincial de Limarí, Ivón Guerra, quien destacó el valor estratégico de la iniciativa para una actividad que está profundamente ligada a la identidad regional destacando la producción de pisco más allá de un producto. “Representa historia, patrimonio, empleo, familias y arraigo. Proteger la uva pisquera es también proteger una parte esencial de la identidad de nuestra región”, señaló la autoridad.
Por su parte el seremi de Agricultura, Vicente Cortés, manifestó que el proyecto responde con soluciones concretas a los desafíos que enfrenta nuestra agricultura. “Este proyecto, que se desarrollará durante 24 meses, entregará información y herramientas que serán clave para que nuestros agricultores puedan tomar mejores decisiones en sus unidades productivas y enfrentar de mejor manera los efectos del cambio climático”.
Es importante mencionar que el proyecto forma parte de una línea de investigación que INIA Intihuasi ha desarrollado durante varios años para fortalecer la viticultura pisquera de la Región de Coquimbo. Entre sus principales aportes destacan la zonificación climática, la validación del uso de portainjertos, la identificación genética de variedades, la reintroducción de cepas históricas y el catastro pisquero para la certificación de origen.
Con esta nueva iniciativa liderada por la investigadora Claudia Bavestrello y apoyada por el profesional Emilio Villalobos, se busca avanzar desde la caracterización del patrimonio vitícola hacia la selección de plantas mejor adaptadas a un escenario de creciente restricción hídrica, aportando conocimiento científico para resguardar el futuro de una de las actividades agrícolas más emblemáticas de la región.