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Refugios animalistas del Limarí enfrentan reparaciones y falta de alimento tras temporales
Por: Martha Hecherdorsf
A tres meses de los temporales de invierno, los refugios animalistas del Limarí aún enfrentan dificultades. En Cachupines Sin Hogar, los fuertes vientos de octubre derribaron parte del cierre perimetral y una perrita escapó, aunque posteriormente regresó. La fundación instaló planchas de calamina de manera provisoria y busca ayuda para reparar la estructura.
Patitas en Acción, de Combarbalá, presenta una situación diferente: recuperó sus instalaciones con apoyo voluntario y no sufrió nuevos daños importantes en octubre, pero hoy necesita alimento y espacios de sombra para el verano. Entre ambas organizaciones cuidan a más de 110 perros, según cifras aproximadas entregadas por sus dirigentes.
REPARACIONES PENDIENTES
Kelsa Torres, presidenta de Cachupines Sin Hogar, explicó que durante las últimas precipitaciones el viento derribó una sección de pandereta en el sector del cierre del canil, donde permanece una perrita de edad avanzada separada de otros animales por problemas de convivencia. La perrita salió, pero regresó por sus propios medios. Ante la emergencia la fundación cerró el lugar con calaminas, aunque Torres advirtió que reponer las panderetas es costoso y requiere maquinaria especial. Recordó que, después de un robo ocurrido hace aproximadamente dos años, consiguieron paneles de reemplazo que tampoco pudieron instalar por falta de esos equipos.
Esto se suma a las reparaciones iniciadas después de las lluvias de julio. Los caniles, construidos principalmente con madera y malla, han requerido nuevos postes, estructuras reforzadas y soportes fijados con cemento para resistir futuros temporales.
“Estamos invirtiendo todo lo que tenemos en eso, en mejorar los caniles”, señaló Torres, quien explicó que también tuvieron que reemplazar colchones, mantas y materiales dañados por la humedad.
Torres también denunció una plaga de ratones que dañó gran cantidad de colchones almacenados, los cuales debieron desechar. Aseguró que solicitaron ayuda municipal para enfrentar el problema. Según explicó, utilizar veneno también implicaría un riesgo para los perros, debido a que en ocasiones cazan roedores y podrían intoxicarse al ingerir alguno que haya consumido estas sustancias.
Cachupines Sin Hogar alberga aproximadamente 83 perros y continúa atendiendo casos de abandono denunciados por la comunidad. Aunque logró adquirir alimento mediante proyectos, mantiene gastos de reparación y atención veterinaria. Torres estima que reciben unos 200 mil pesos mensuales en aportes, incluidos 100 mil de una colaboración regular, destinados principalmente a materiales.
Como ejemplo de los gastos que suelen tener, mencionó la operación de una perrita rescatada que costó cerca de un millón de pesos. También relató que debieron esterilizar a cuatro gatos abandonados, con un gasto de 100 mil pesos aún pendiente de pago en la veterinaria. Ante esta situación, hizo un llamado a empresas, contratistas y particulares que puedan aportar mano de obra o maquinaria para reinstalar las panderetas, una de las necesidades más urgentes que enfrenta actualmente el refugio.
RECUPERACIÓN Y NUEVAS NECESIDADES
En Combarbalá, Karin Fernández, presidenta de Patitas en Acción, recordó que el temporal de julio dañó espacios del canil destinados a los perros. Un grupo de jóvenes ayudó con las reparaciones y vecinos donaron colchones, frazadas y cobertores para acondicionar las zonas de descanso.
“Ahora están ya bastante recuperados los espacios”, afirmó Fernández. Las mejoras permitieron enfrentar octubre sin nuevos daños de consideración; los perros ya no se mojan como ocurrió durante el invierno.
Sin embargo, la falta de alimento sigue siendo su mayor dificultad. Fernández señaló que las donaciones de sacos de comida han disminuido y que cada vez le cuesta más conseguir colaboración. Una persona de un restaurante le guarda parte de la comida que queda disponible para cubrir algunas necesidades. Fernández señaló que antes recibía uno o dos sacos de alimento donados al mes, apoyo con el que hoy no cuenta regularmente. “El único problema que nos preocupa es el alimento”, resumió.
La fundación tiene bajo su cuidado a más de 30 perros. Entre ellos se encuentran siete cachorros nacidos recientemente de una perrita que Fernández rescató preñada. Para conseguir recursos, mantiene una rifa de mil pesos por número, aunque ha tenido poca respuesta.
Además, necesita preparar el terreno para el verano. Fernández comentó que los vientos del temporal arrancaron las mallas que proporcionaban sombra a los perros y que, si bien consiguieron protegerlos de la lluvia, aún requieren techumbres para enfrentar las altas temperaturas de Combarbalá, por lo que esperan conseguir apoyo de la comunidad para financiar las mejoras.
UNA LABOR QUE VA MÁS ALLÁ DE LOS REFUGIOS
Aunque comienzan a superar los daños invernales, ambas fundaciones enfrentan nuevos gastos. Cachupines Sin Hogar busca reforzar su infraestructura y Patitas en Acción necesita alimento y protección frente al calor.
Son dos casos dentro de una realidad animalista más amplia en el Limarí. También existen agrupaciones y rescatistas sin refugio propio, que cuidan animales en sus casas o mediante hogares temporales. Estos dos testimonios no representan a todas las organizaciones, pero visibilizan los desafíos del trabajo voluntario.
Por ahora, Cachupines Sin Hogar solicita apoyo para reparar su cierre perimetral, mientras Patitas en Acción recibe consultas y ofrecimientos de ayuda a través de sus redes sociales. Ambas dirigentes señalan que los rescates necesitan apoyo constante, aún después de las emergencias.