Municipios y SENAPRED coordinan acciones

Las quebradas que acechan a la región: los desafíos ante un clima extremo

Un informe de SERNAGEOMIN advierte que existen más de 360 puntos con algún grado de riesgo o susceptibilidad a remociones en masa en la zona. El deshielo, las lluvias intensas y la saturación de los terrenos mantienen la preocupación en distintas comunas, cuyas autoridades advierten eventuales daños en viviendas, caminos y puentes, además de la necesidad de ejecutar obras de mitigación.
Un informe de SERNAGEOMIN advierte que existen más de 360 puntos con riesgo de remociones en masa en la región. (Foto: El Día)
Un informe de SERNAGEOMIN advierte que existen más de 360 puntos con riesgo de remociones en masa en la región. (Foto: El Día)
jueves 29 de octubre de 2026

Las consecuencias de las precipitaciones registradas durante el invierno dejaron en evidencia la vulnerabilidad de distintos sectores de la Región de Coquimbo frente a las remociones en masa, las bajadas de quebradas y los flujos de agua y sedimentos.

A las dificultades que enfrentaron varias localidades para recuperar su conectividad se suma ahora otro factor de preocupación: el proceso de deshielo en la cordillera, que podría incrementar los caudales y mantener latente el riesgo de nuevas afectaciones.

El escenario adquiere especial relevancia considerando las condiciones meteorológicas previstas para los próximos meses. Y es que el Centro Científico CEAZA advirtió que la intensificación del fenómeno de El Niño podría favorecer la llegada de sistemas frontales fuera de la temporada habitual de lluvias, mientras que las temperaturas superiores a lo normal podrían acelerar el derretimiento de la nieve acumulada.

En este contexto, el director regional de SENAPRED, Ángelo Hernández, llamó a prestar especial atención a las remociones en masa y a fortalecer las medidas preventivas, considerando las características geográficas de la zona y los antecedentes técnicos disponibles.

“De acuerdo con los antecedentes del mapa de SERNAGEOMIN, en la Región de Coquimbo se identifican más de 360 puntos con algún grado de riesgo o susceptibilidad frente a este tipo de fenómenos”, señaló.

La autoridad, sin embargo, precisó que la cifra no implica que todos esos sectores se encuentren bajo peligro inminente, ya que las condiciones deben evaluarse de manera particular en cada territorio. Entre los factores que pueden incidir en estos eventos mencionó la intensidad y duración de las precipitaciones, las pendientes, la geología, la saturación del suelo y la cantidad de material disponible para ser arrastrado.

“El incremento de los caudales, sumado a las características del terreno y a la disponibilidad de sedimentos, puede favorecer la activación de quebradas y generar flujos de agua, barro, piedras y otros materiales, con consecuencias para las personas, las viviendas, la conectividad vial y la infraestructura crítica”, advirtió Hernández.

El director regional del organismo sostuvo que comunas como Río Hurtado, Monte Patria, Illapel, Salamanca y Combarbalá requieren especial atención, sin perjuicio de que la evaluación del riesgo debe considerar las condiciones específicas de cada sector. Para ello, SENAPRED trabaja ya en la actualización y priorización de puntos críticos, en coordinación con los municipios y los organismos técnicos.

Deshielo pone a prueba la conectividad

 

La preocupación no se limita a las precipitaciones, pues la cantidad de nieve acumulada en la cordillera también plantea desafíos para los próximos meses. Según antecedentes de CEAZA, al 30 de septiembre la superficie cubierta de nieve alcanzaba los 7.827 kilómetros cuadrados, frente a los 1.848 kilómetros cuadrados registrados en igual fecha de 2025. Además, las estimaciones indicaban que todavía no se había derretido la mitad de la nieve acumulada en la alta cordillera.

El organismo científico proyecta que el período de mayor derretimiento se produzca durante noviembre, mientras que los máximos caudales suelen registrarse uno o dos meses después, principalmente en diciembre y enero. Aunque parte de esa nieve no necesariamente llegará a los ríos, su evolución es un factor que obliga a mantener el monitoreo de las cuencas.

Es así que en Vicuña, los efectos de las bajadas de quebradas ya quedaron en evidencia durante el invierno. En julio, la activación de al menos 20 quebradas generó problemas de conectividad en distintos sectores de la comuna, con algunas bajadas calificadas en nivel crítico.

Al respecto, el alcalde de Vicuña, Mario Aros, afirmó que el municipio conoce de cerca los riesgos asociados a estos fenómenos y que su equipo de Gestión del Riesgo de Desastres mantiene identificados los principales puntos críticos, "principalmente en quebradas y otros lugares donde pueden producirse desprendimientos y deslizamientos. Esa información es fundamental para orientar la prevención y coordinar acciones con los organismos competentes”, sostuvo.

La autoridad comunal agregó que seguirán trabajando en terreno y gestionando las intervenciones necesarias para proteger a los vecinos, especialmente en los sectores más expuestos a nuevas bajadas de agua y material.

No obstante, una situación particularmente compleja se registra en Río Hurtado, cuya alcaldesa, Carmen Juana Olivares advirtió sobre el riesgo que enfrentan algunas viviendas en el sector de Fundina.

“Nuestra geografía es bastante compleja. Los informes de SERNAGEOMIN identifican distintos puntos con riesgo de remoción en masa, y uno de los sectores más amenazados es la población El Quiscal, en Fundina, donde ya hemos tenido desplazamientos de muros de contención que han terminado cayendo en los patios de otros vecinos”, indicó.

La jefa comunal explicó que el municipio no cuenta con las capacidades financieras suficientes para resolver por sí solo una situación que requiere obras de mayor envergadura. Por ello, adelantó que sostendrán una reunión con el Servicio de Vivienda y Urbanización (SERVIU), organismo que ya visitó el sector, para analizar alternativas y avanzar hacia una solución definitiva.

El problema, añadió, no se limita a las viviendas, sino que también involucra las condiciones de los terrenos y la infraestructura que permite proteger a las familias frente al escurrimiento de las aguas.

“Esperamos que se destinen recursos para intervenir estos sectores, no necesariamente en la infraestructura de las viviendas, sino que también en sus alrededores, mediante la construcción de muros de contención, obras de preparación del terreno y soluciones que permitan desviar las aguas lluvias antes de que lleguen a las poblaciones”, planteó Olivares.

Frente a este escenario, desde SENAPRED apuntan a reforzar la coordinación con los municipios, revisar los puntos críticos y actualizar los antecedentes de las zonas que resultaron afectadas por los últimos eventos meteorológicos. El objetivo es determinar cuáles requieren intervención prioritaria y fortalecer los planes de emergencia y evacuación.

Finalmente, el director regional del organismo recalcó que la prevención también depende de las acciones de la comunidad, particularmente en sectores cercanos a quebradas y cauces. Entre las medidas recomendadas destacan mantener despejados canales y acequias, no arrojar basura en los ríos y respetar las instrucciones de las autoridades.