DATA DE MEDIADOS DEL SIGLO XX

Puente El Culebrón: la puerta de entrada a Coquimbo

Entre la brisa marina, el latido del puerto y el flujo incesante de vehículos que transitan por la Ruta 5, este puente se erige no solo como un punto neurálgico para la conectividad, sino como un verdadero testigo de la identidad, la mitología y la historia viva de la comuna puerto.
La historia del Puente El Culebrón está marcada por las violentas crecidas del estero durante inviernos lluviosos, como ocurrió en 1984, 1986 y 1997.
La historia del Puente El Culebrón está marcada por las violentas crecidas del estero durante inviernos lluviosos, como ocurrió en 1984, 1986 y 1997.
viernes 30 de octubre de 2026

Ubicado en el sector norte de Coquimbo, cruzando sobre la arteria vial de la Ruta 5 y el histórico estero homónimo, este paso elevado -conocido en tiempos pasados como Puente La Garza o Puente Negro- ha sido durante décadas el gran enlace estratégico y la arteria vital que une a la comuna puerto con La Serena.

La historia de la estructura original de hormigón armado está profundamente ligada al desarrollo industrial y de transporte regional. Desde mediados del siglo XX, la zona circundante al puente vio el constante paso de la minería local tras la inauguración del Ferrocarril de Romeral en 1954, cuyo trazado cruzaba por estos sectores para movilizar importantes cargas de mineral.

A lo largo de los años, y a pesar de las reestructuraciones y modificaciones requeridas por el paso del tiempo, el entorno del Puente El Culebrón conserva intacta esa vocación productiva, siendo hasta el día de hoy una vía fundamental para el tránsito de carga pesada y empresas del rubro minero.

Su estructura está marcada a fuego por el recuerdo de las violentas crecidas del estero durante los inviernos históricamente lluviosos de las décadas de 1980 y 1990.

Sin embargo, en el recuerdo colectivo de los coquimbanos también pervive una imagen de calma y nostalgia, en épocas donde el flujo de agua era constante y cristalino, era habitual ver a las familias y vecinos bañarse en las profundas aguas del estero como una parada obligada antes de llegar a la playa.

Más allá del hormigón y el asfalto, el nombre del viaducto evoca de inmediato una de las tradiciones orales más arraigadas en el folclor del Norte Chico: la Leyenda del Culebrón.

Según el mito popular, el sector era custodia de una criatura mítica -una gigantesca serpiente de escamas relucientes, grandes ojos encendidos y un distintivo mechón de pelo- encargada de vigilar celosamente los fabulosos tesoros ocultos por corsarios y piratas como el célebre Bartolomé Sharp.