A un mes de la Ley Valentín
Expertos y familias llaman a no descuidar la seguridad en balcones y ventanas
Los niños juegan, corren, exploran y, muchas veces, basta un par de segundos para que ocurra un accidente.
Por eso, a poco más de un mes de la entrada en rigor de la denominada Ley Valentín, especialistas y familias coinciden en que la instalación de sistemas de protección en ventanas y balcones no debería depender únicamente de una exigencia normativa, sino convertirse en una medida habitual de seguridad.
La ley, publicada en septiembre, surgió tras el fallecimiento de Valentín Brain Gutiérrez, un niño que cayó desde un edificio en la Región del Biobío. La normativa modificó la Ley de Copropiedad Inmobiliaria para impedir que los reglamentos de edificios y condominios prohíban la instalación de mallas u otros sistemas de protección por razones estéticas.
Además, establece la obligación de implementar medidas de resguardo en departamentos ubicados sobre el primer piso donde residan menores de 12 años.
Una preocupación que llega con los hijos
Esa fue la decisión que tomó Carla, de 32 años, quien vive junto a su hija de poco más de dos años en un departamento ubicado en el séptimo piso de un condominio en Peñuelas.
Apenas llegó al lugar pidió a su padre, maestro de la construcción, instalar una malla de protección en el balcón. Hoy, mientras espera a su segundo hijo, ya comenzó a planificar nuevas medidas de seguridad para el resto de la vivienda.
“Es importante mantener la seguridad. Por ahora era solo el balcón, porque mi hija no usaba su habitación, pero ahora estoy esperando mi segundo hijo y estoy habilitando el dormitorio de mi pequeña, por lo que ya estamos buscando los materiales para instalar las mallas en las ventanas de esta habitación, la logia y mi habitación”, relata.
Para ella, la decisión tiene relación directa con la tranquilidad de la familia. “Es un tema de seguridad para mi hija y mi próximo hijo. Los niños recorren y juegan y uno nunca sabe. En un abrir y cerrar de ojos están haciendo otra cosa. Además, también es seguridad para los adultos. Para todas las personas, por eso las vamos a instalar”, dijo.
La seguridad en altura tampoco es una preocupación exclusiva de quienes tienen hijos pequeños.
Andrés vive en un edificio del sector oriente de La Serena y decidió instalar mallas apenas se mudó. “No tengo hijos, pero sí mascotas y no quiero que corran un riesgo. Instalamos con una empresa y fue súper rápido. No se notan. Pusimos en las dos habitaciones y el balcón”, comenta.
Además, asegura que la medida genera tranquilidad cuando llegan visitas. “Esto me da seguridad también cuando se comparte. A veces traen sus hijos y prevenimos cualquier accidente”.
Más conciencia que obligación
Para Loreto Huerta, administradora y copropietaria de DECOSEG, la Ley Valentín representó un avance importante porque terminó con una práctica que durante años afectó a numerosas familias.
“En La Serena muchos edificios las prohibían por un tema estético. La ley es importante porque evita que eso siga ocurriendo”, señala. Sin embargo, sostiene que la principal enseñanza va mucho más allá de la obligación legal. “Lo ideal es que los padres no esperaran una ley para instalar mallas. Esto debería ser una decisión de conciencia, de cuidado y protección de la familia”, puntualizó.
A juicio de la empresaria, aunque la normativa constituye un avance importante, todavía existen aspectos que deberán aclararse durante su implementación. Uno de ellos tiene relación con la fiscalización, ya que la ley no establece con precisión qué organismo será el encargado de supervisar su cumplimiento ni cómo se verificará que las medidas de protección efectivamente estén instaladas.
Huerta también considera que el siguiente paso debería apuntar a regular con mayor claridad a las empresas que ofrecen estos servicios. “Se debiese regular el tipo de malla que se instala, la forma de instalación y la información que reciben los clientes. Aquí se está trabajando con la vida de las personas y de los niños, por lo tanto, las empresas también debemos tener responsabilidades claras”, sostiene.
Desde el rubro existe coincidencia en que la ley es un primer paso. Desde Mallas La Serena señalan que todavía hay materias pendientes relacionadas con criterios técnicos, sistemas de instalación y orientación para los consumidores, con el fin de que las familias cuenten con más herramientas al momento de contratar estos servicios.
Revisar la mallas también es parte de la seguridad
Más allá de la instalación, los especialistas recalcan que las protecciones requieren mantención y revisiones periódicas, especialmente en ciudades costeras como La Serena y Coquimbo.
Según explica Loreto Huerta, las fijaciones, anclajes y elementos metálicos están permanentemente expuestos al ambiente salino, por lo que recomienda revisar su estado y considerar el reemplazo de las mallas cada dos o tres años.
Además, aconseja contratar empresas con experiencia comprobable, exigir boletas o facturas, consultar sobre el origen de los materiales y las garantías ofrecidas. Pero más allá de las recomendaciones técnicas, insiste en que la clave continúa siendo la prevención.
“No hay que esperar que ocurra un accidente para proteger las ventanas. Uno puede pensar que siempre está mirando a sus hijos, pero basta un segundo para que ocurra una caída”, afirmó.
Y es precisamente ese mensaje el que hoy buscan reforzar quienes impulsaron la Ley Valentín: que la seguridad en balcones y ventanas deje de ser una preocupación que aparece después de una tragedia y pase a formar parte del cuidado cotidiano de las familias.