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Fallas geológicas: nueva norma sísmica de Chile exigirá más estudios

Chile actualizó su norma sísmica para edificios y, por primera vez, incorporó las fallas geológicas activas, un peligro latente especialmente en Santiago.
domingo 06 de septiembre de 2026

Chile ha actualizado su principal normativa para el diseño sísmico de edificios, incorporando por primera vez el peligro de construir en zonas con fallas geológicas activas. La nueva NCh433:2026 exigirá estudios adicionales para proyectos emplazados sobre estas estructuras, reconociendo que, aunque menos frecuentes que los sismos de subducción, los terremotos asociados a fallas pueden ser localmente más destructivos.

Esta modificación es de especial relevancia, ya que en el país se han identificado cerca de mil fallas activas o potencialmente activas. Un caso crítico es la Falla de San Ramón, que atraviesa cerca de 50 kilómetros del piedemonte de Santiago. Expertos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile señalan que casi dos millones de personas residen en las comunas afectadas y miles viven directamente sobre su trazado.

La actualización de la normativa fue oficializada por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) el 10 de agosto, entrando en vigencia seis meses después de su publicación. Se trata de la modificación más significativa de la NCh433 en casi dos décadas, buscando integrar las lecciones del terremoto del 27 de febrero de 2010.

Mientras la mayoría de los grandes sismos en Chile se originan por el contacto entre las placas de Nazca y Sudamericana, los terremotos corticales, asociados a fallas activas en la corteza terrestre, presentan características distintas. Aunque sus eventos son menos recurrentes, se producen a menor profundidad y más cerca de áreas habitadas.

El académico del Departamento de Geología de la Universidad de Chile, Gabriel Easton, explicó que estos movimientos pueden romper la superficie y “alcanzar aceleraciones del suelo localmente mucho mayores y con espectros de frecuencia distintos” a los terremotos de subducción. Esa característica, agregó, puede “destruir o impactar fuertemente la infraestructura” ubicada en las zonas más próximas a la falla.

El profesor del Departamento de Ingeniería Civil de la misma universidad, Rubén Boroschek, quien formó parte del comité del Instituto Nacional de Normalización (INN) para esta actualización, enfatizó que el hecho de que una falla no haya generado un gran sismo en miles de años no descarta su peligro. “Ya nadie va a poder ignorar la información pública sobre la existencia de las fallas activas”, afirmó Boroschek.

La Falla de San Ramón es particularmente sensible, con su último gran evento sísmico estimado hace unos ocho mil años. Pese al conocimiento científico, esta falla no está contemplada en el Plan Regulador Metropolitano de Santiago, lo que ha permitido una urbanización significativa sobre su trazado, especialmente en el sector oriente. Aún así, entre un 30% y un 40% de la falla sigue sin urbanizar entre los ríos Mapocho y Maipo, porcentaje que es mayor en Pirque.

Easton consideró la modificación de la NCh433 como un “avance importante”, pero subrayó la necesidad de complementarla con planes de respuesta, ajustes en los instrumentos de planificación territorial y educación para las comunidades expuestas. La revisión de la norma se inició tras las consecuencias observadas en el 27F, donde algunas deficiencias fueron corregidas posteriormente por el Decreto Supremo N.º 61 de 2011.